¿Estamos en vía de lograr una verdadera institucionalidad?

¿Estamos en vía de lograr una verdadera institucionalidad?

Para responder esta pregunta, realicé una investigación bibliográfica para entender primero qué es institucionalidad y así desenmarcar el concepto del argot punitivo de algunos gobernantes, gerentes, jefes o directores, que tienen por costumbre decir: “no eres institucional”; “a mí se me debes respeto, porque soy el jefe”; “fulanito se está portando mal, porque está criticando”, en fin frases que están bien distantes del verdadero valor y del significado de institucionalidad.

La institucionalidad permite cumplir las normas y leyes de una manera justa, deja de lado la discrecionalidad.

Para ilustrar mi punto, iniciaré con una frase de mi amigo Gabriel García Marquez:

“Un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse”

Esta frase refleja la esencia del hombre o mujer que trabaja en función de darle vida y desarrollo a una comunidad, organización y/o país; se logra institucionalidad cuando estas personas, servidores que conforman la “institución”, interpretan las creencias, ideas, principios y valores, así como también la representaciones colectivas y la estructura de su sociedad para hacer cumplir las normas y leyes de una manera justa y lineal, dejando a un lado la arbitrariedad, y la discrecionalidad.

La institucionalidad se apega a los principios y normas de la institución, no a los intereses de quienes la dirigen

La institucionalidad se alinea a lo que conforma la institución, es decir, a los principios, propósito, leyes y normas que dan unidad, espíritu de justicia, tolerancia, responsabilidad y respeto a todos los que conforman una sociedad u organización, no a las personas que ejercen un cargo o función; estas últimas también se deben a la “institución”. La institucionalidad supone un proceso sistemático de consolidación (permanencia y uniformidad) de conductas e ideas a través de medios e instrumentos basados en la estructura y los reglamentos para alcanzar los valores deseados,

para lograr la institucionalidad se debe utilizar: la información constante y sincera, incentivos y controles justos, que sean iguales para todos, tanto para el de allá como para el de acá.

La institucionalidad no acepta ciegamente los preceptos y juicios de quienes dirigen

La institucionalidad implica respeto a la estructura y normas de la institución, no por ello acepta ciegamente los preceptos y juicios de quienes dirigen los organismos, sobre todo cuando estos están fuera del marco reglamentario y son incoherentes  en su acción y su palabra. La institucionalidad conlleva escuchar, observar a todos por igual y tomar decisiones provenientes de eso que se investigó y no sobre la base exclusivista de “yo tengo la razón porque ejerzo el poder”

En la institucionalidad cobra un valor importante la crítica, la opinión pública

Dentro de la institucionalidad cobra un valor muy importante la crítica, la opinión pública, no para satanizarla, sino como instrumento para determinar la percepción de quienes participan en una sociedad u organización; los reproches de un grupo de personas, ya sea minoría o mayoría, dentro de una organización, manifiestan al fin y al cabo  una percepción de que algo no está bien, de que algo está fuera de las normas o propósito aceptados por todos y que se debe mejorar,  en su contexto debemos entender que hay una solicitud de reparación o de cambio.

Decía Martín Luther King: “Nada en el mundo es más peligroso que la ignorancia sincera y la estupidez concienzuda”.

institucionalidad

Reclamar por derecho es propio de la Institucionalidad

Es propio, para lograr la verdadera institucionalidad, reclamar por derecho lo que es justo dentro de la institución, aquello establecido por todos como son los principios, la estructura y los reglamentos y así ser miembros de una institución sana y que se desarrolla eficientemente con el consenso de sus integrantes.

El diálogo es una de las actividades más usuales de la política y la gerencia. De hecho, cuando ella se desarrolla en escenarios democráticos es, junto con el debate civilizado necesario para así lograr la institucionalidad

No debe, por ello, alarmar a nadie cuando los líderes ejercitan el diálogo como método para aproximarse a la consecución de sus objetivos, sean ellos estratégicos, tácticos u operativos.

Por supuesto que, cuando el escenario no es democrático, o cuando la política o el liderazgo se desenvuelve en su fase posterior –la guerra- el diálogo adquiere características muy diferentes al que se efectúa en democracia. Es conocido que uno de los componentes más antiguos y cruciales de la estrategia bélica, desde que la guerra existe, es la diplomacia.

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