Arraigo: más que aferrarse a un territorio

 In Coaching-Gerencia, José Luis Halmoguera

Arraigo

Recientemente me encontré con un grupo de inmigrantes que al igual que yo, hacemos vida en un país distinto al que nos vio nacer; ellos hablaban de las cosas que extrañaban de sus respectivos países: a la cultura gastronómica, a la disciplina social de saludar y conversar de una determinada manera y a las costumbres familiares… en fin, a todo aquello que de alguna manera nos establece un arraigo con el país natal.

Sin perder nuestra esencia

También hablábamos sobre las costumbres de los coterráneos: sus maneras y formas de hablar y de sus interrelaciones; sin juzgar que es mejor o peor, sino recordando aquellas cosas que se añoran y también de aquellas que nos toca aprender para establecer un nuevo arraigo, sin perder por supuesto la esencia de ser un ciudadano del país que dejamos atrás.

Como dice el amigo Eli Bravo en sus inspirulina: Hacer una nueva vida en un nuevo lugar no significa enterrar tu esencia

Unos de los grandes miedos del inmigrante es perder la esencia de su nacionalidad:

Es cambiar las costumbres y tradiciones por otras totalmente ajenas a lo que se ha aprendido; sin darnos cuenta que a medida que nos aferramos a ellas, mayor es el sufrimiento. En mi opinión, el arraigo va más allá de la vida en un territorio, afortunadamente la globalización nos permite disfrutar, en el sitio donde estemos, de aquellas cosas que extrañamos, al tiempo de permitirnos conocer de nuevas culturas y formar nuevas querencias.

Lo vivido no se puede olvidar

lo vivido es lo que nos forja como individuos, la experiencia tiene que ver con lo que ha transcurrido por nuestra vida, ese pasado está escrito en nuestra piel, en nuestro pensamiento e inclusive en nuestra forma de actuar, pero sucede que, al cambiar de ciudad, la vida continua… y de esa manera continuamos ganando experiencias, nuevas cosas que se nos imprimirá en la piel.

Dicen los psicólogos:

hay factores asociados a la experiencia migratoria que suelen alterar la adaptación al nuevo ambiente, que pueden afectar la salud, las emociones y el comportamiento, la severidad de estos factores disminuirá a medida que mantengamos nuestro arraigo en combinación con las nuevas experiencias y no como algo exclusivo para la vida, y para ello debemos:

Mantener nuestras costumbres, ¡no hay nada malo en ello!… sin dejar de abrirnos a las nuevas que nos ofrece el país que nos acoge.

Mantener nuestra esencia como individuos: no bajar la cabeza por miedo a ser señalado como “forastero” y tampoco colocarnos la capa de arrogancia que no permita a los demás llegar a nosotros.

Estar conscientes de las nuevas oportunidades, y establecer estrategias para aprovecharlas en función de nuestras propias competencias

Declararnos aprendiz, ¡de todo podemos genera nuevos mundos!, e inclusive un nuevo arraigo.

Mantener contacto con los compatriotas, ¡eso está bien! Y establecer nuevos escenarios para generar nuevas amistades, nuevos allegados que nos permitan aprender de ellos.

La idea es que los inmigrantes, asumamos nuestro origen

Esta bien que los inmigrantes mantengamos vivo nuestra cultural, y también al llegar a la nueva sociedad a la que hemos decidido pertenecer, busquemos de «realmente pertenecer a ella», acogiendo poco a poco la nueva cultura como propia y construir con todos los demás una vida cultural común.

Aceptar la nueva cultura implica cambios en el inmigrante:

Implica actualizar nuestro ser, requiere que modifiquemos nuestro esquema de defensa, de manera de permitir moldearlo en la nueva cultura, también es necesario maximizar la escucha y la observación para poder comprender la forma de hablar y relación de los nuevos vecinos y/o compañeros; se requiere que nosotros los inmigrantes tengamos resiliencia, para superar el malestar físico y psicológico ante posibles ataques del clima o inclusive algún desadaptado xenofóbico.

Conclusión.

Yo soy caraqueño- venezolano de nacimiento y tengo en mi casa, aquí en Ecuador, mi nuevo hogar: escucho mis canciones de siempre: Simón Diaz, el Pollo Brito, Reinaldo Armas, Franco de Vita y otros más; tengo cuadros de mi hermoso Guaraira Repano “El Ávila” como gentilmente le decimos,  y algunos coroticos adquiridos en cada región que visité de mi bella Venezuela, en diciembre no me faltará mi rica hayaca, el pernil, el pan de jamón y la ensalada de gallina.

También tengo pintado en el centro de la ventana de mi casa el Valle de Cumbayá  y la izquierda el Cotopaxi, comemos la suculenta fanesca en Semana Santa, la deliciosa Colada Morada en noviembre, al celebrar el día de los santos difuntos,  y por supuesto, unos exquisitos higos con queso, alternando con la receta de casa de un suave quesillo. ¡mmmm!: Ahora este es mi arraigo: venezolano-ecuatoriano, y quizás mañana… ¡otro cantar será!

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