Presencia consciente, esencial para el liderazgo

Escucha atentamente:

Decía un amigo, por cierto, un profesor de esos que te enseñan con la acción, más que con la palabra: “Si quieres tener éxito como hombre: como marido, como padre, como profesional, como líder de tu comunidad, sólo debes escuchar atentamente a tu compañera, a tus hijos; a tus colaboradores en el trabajo, a tu prójimo y estar consciente de lo que te dicen con sus palabras, sus gestos y sus acciones”.  Escuchar atentamente, con la mente, el corazón y la mirada es estar en presencia consciente.

Para desarrollar el tema de la presencia plena y poder argumentar que su práctica es esencial para ejercer el liderazgo, quiero compartir un extracto (modificado) del cuento: el caso de Yonohago Kaso, del cuentista: “Pedro Pablo Sacristán”:

En Japón, en un bonito castillo, vivían dos familias reales, cada una con su papá rey, su mamá reina y su hija la princesa. Aunque las familias reales no suelen compartir sus palacios, estas lo hacían por una razón muy especial: no lo sabían. Y es que una de estas familias era una familia de reales ratoncitos que vivía entre las paredes del castillo, miembros de la antigua dinastía ratuna de los Kaso, eran orgullosos y comodones, soberbios al hablar: Los trabajos cotidianos lo hacían sus sirvientes, quienes robaban de todo a los verdaderos dueños del palacio. Vivían tan a gusto que nunca salían de su pequeña habitación, y ni siquiera sabían que vivían en un palacio habitado por verdaderos reyes humanos.

Las comodidades y el poco esfuerzo para conseguir las cosas habían convertido a Yonohago, el príncipe ratón, en una mandón impaciente y arrogante que vivía tan ocupado pidiendo y exigiendo que nunca escuchaba nadie.

– ¡Quiero un pastel ahora mismo!

– ¿De qué sabor, príncipe?

– ¡Que no me hables! ¡Quiero mi strudel!

Sus papás le avisaron que de seguir gritando y ordenando de esa manera se quedarían sin sirvientes, pero no quiso escuchar: estaba demasiado ocupado haciendo lo que quería, cuando quería y como él quería. Molestos, los ratones sirvientes se fueron marchando, hasta que no quedó ninguno.

– Ahora te tocará hacer las cosas por ti mismo – dijo la reina ratona.

– ¡De ninguna manera! Encontraré nuevos sirvientes- respondió orgulloso.

Y se marchó a buscarlos. Al acercarse a las zonas habitadas por humanos descubrió carteles avisando del peligro. – Soy la príncipe: hago lo que quiero, cuando quiero y como quiero. No pienso hacer caso a nadie. Y menos a unos carteles.

Finalmente, se encontró en la habitación de la princesa humana, que dormía la siesta. Yonohago se puso muy contento al ver a la niña y exclamando: – ¡Este animal tan grande será un sirviente estupendo! ¡despierta, que tengo hambre!

La princesa humana, por supuesto, ni siquiera oía a alguien tan pequeño. El ratoncito, impaciente, trepó hasta la cara de la niña y le dijo, mordiéndole la nariz: – ¡Soy el príncipe y he dicho que te levantes, bicho gordo!

La niña se levantó de un salto y dio un grito. Varias personas llegaron corriendo y descubrieron en el centro de la habitación un ratoncillo de gesto orgulloso que parecía querer dar órdenes a todo el mundo. Y era verdad, el príncipe ratón estaba enfadadísimo con aquellos animales grandotes que tardaban tanto en traerle su strudel y un trozo de queso.

A todos les hizo tanta gracia ver a un ratoncito tan mandón que lo guardaron en una jaula y lo llevaron a un circo de ratones. Y allí, sin sirvientes ni comodidades, vivió la peor de sus aventuras, pues para conseguir un poquito de comida al día tuvo que aprender a escuchar y obedecer todas y cada una de las tonterías que el domador le ordenaba.

Y ahora que sabe que se comportó, más como un domador que como un príncipe, espera el momento de poder escapar para buscar a todos los ratones que maltrató, pedirles perdón y escuchar atento cualquier consejo que quieran darle y mejor aún escuchar con el corazón y la razón, las palabras, gestos y acciones de sus colaboradores, es decir estar en presencia plena para atenderlos como se debe.

Ejerce liderazgo al estar presente activo

Al ejercer liderazgo, es decir, para influir en la manera de pensar o de actuar de las personas, motivándolos para hacer que las tareas que llevan a cabo sean realizadas de manera eficiente y así lograr los objetivos planteados, se requiere de distintas herramientas, tales como el carisma, la seguridad al hablar, entre otras, y sobre todo socializar con los demás y esto sólo se alcanza de manera honesta y efectiva poniendo en práctica la presencia consciente.

¿Quieres estar presente?- hazlo consciente

No basta con estar presente, no basta con aparentar estar presente: Se puede estar en una reunión de trabajo, con tu cuerpo presente y disposición de escucha, pero si tu mente está ocupada, pensando sólo en decir lo que a ti te interesa o haciendo juicios sin parar de cualquier  expresión o palabras de los demás, lamentablemente no estás presente, sólo te estarás perdiendo un aprendizaje increíble con lo que la gente expresa; estarás presente ausente y de esa manera no lograrás acercamiento y mucho menos interacción.

¿Que se logra al estar en presencia plena?

Mejora la comunicación y la afectividad, pues al interactuar, estamos realmente allí, presentes, escuchando, abiertos, vacíos de ideas preconcebidas y, al mismo tiempo, fluyendo con la energía de quien te acompaña o te sigue. Estar presente pleno es conducir la mente y focalizarse en el otro para escucharlo atentamente, es despejarse de los pensamientos y contenidos ansiosos, de las expectativas, de los juicios y de las historias que te enganchan con aprendizajes del pasado y que hoy no son propios para el futuro. Estar presente activo es cuestión de práctica, es alinear tu mente, tu cuerpo y tu acción con la situación, es aprovechar el aprendizaje que puedes obtener del otro y por ende enriquecer las posibilidades de éxito de la comunidad.

Para estar presentes conscientemente, es vital la apertura de corazón, el sentimiento de aportar lo mejor de nosotros en cada momento y conectarnos con un sentido de colaboración y servicio propio de la actitud empática

¿Cómo estar en presencia consciente?

La presencia consciente comporta una seria disposición de quien quiere ayudar a otro, a detenerse ante la realidad y aclararse con buena dosis de autocontrol. De acuerdo al Buda, cada uno de nosotros tiene una semilla para producir la presencia consciente, pero que habitualmente olvidamos regarla. Para germinar esta semilla se requiere constancia en el entrenamiento, así como se requiere que nos detengamos y calmar nuestro pensamiento y emociones. La práctica de detenerse es crucial: nos detenemos tomando conciencia de nuestra inhalación, nuestra exhalación y nuestros pasos: respirar en conciencia y caminar en conciencia. Podríamos decir: estar en la regadera de la conciencia, preparar el desayuno en conciencia, trabajar en conciencia, escuchar en conciencia.

¿Qué perdemos si no estamos en presencia consciente?

Si estamos plenamente presentes sentados frente a un hermoso atardecer, podemos conectarnos muy profundamente con el brillo del sol en el horizonte y observar claramente los cambios de color sobre el cielo y la tierra, pero si nuestra mente no está presente y está distraída por otras cosas, preocupados por el pasado o por el futuro o por nuestros proyectos, no estamos plenamente en ese momento y por ende perder la oportunidad única de disfrutar de la belleza de ese atardecer. Estar en presencia consciente nos permite disfrutar del aquí y del ahora de tal manera que podremos reconocer las maravillas de la vida, que tienen el poder de sanar, transformar y nutrirnos, característica esencial para regocijarse del liderazgo que podemos ejercer.

Conclusión

Cuando, como líderes practicamos la presencia consciente evitamos: errores de interpretación que pueden conllevar a malas relaciones, a falsos juicios sobre nuestro liderazgo; también minimizamos la posibilidad de que los otros se sientan atropellados y no escuchados o, pero aún que, sólo hagan lo que se les ordena como autómatas despejados de emoción o gusto por lo que se está haciendo, y por el contrario logramos un sinfín de aprendizajes y eficacia en la acción de liderazgo.

 

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